1 jul. 2010

El Sitio de Baler




Baler era, en aquella época, un pueblo de 2.000 habitantes situado en la Provincia de Nueva Écija, en la costa Este de Filipinas, en una zona montañosa que dificultaba su comunicación con Manila y con el resto de la provincia. Su acceso principal era por mar. En febrero de 1898 llega a Baler el Capitán D. Enrique de Las Morenas, como comandante político-militar del Distrito. Con él llegan 50 soldados del 2º Batallón de Cazadores al mando de los Tenientes Juan Alonso Zayas y Saturnino Martín Cerezo con el Teniente Médico Rogelio Vigil de Quiñones y tres enfermeros para sustituir a la anterior guarnición. Tenían víveres para cuatro meses, plazo en el que se esperaba relevar la guarnición por otra nueva.
A principios de abril de 1898, estalla la sublevación tagala nuevamente en la provincia. Poco a poco van cayendo los puestos españoles y Baler queda aislada y sin posibilidad de recibir órdenes o comunicaciones militares. Sin embargo los habitantes de Baler mantenían una actividad normal sin síntomas de sublevación.
El 27 de junio el pueblo amaneció despoblado. Ese mismo día desertaron 2 soldados filipinos y uno español. Ante la inminencia del ataque, las tropas se instalaron en la Iglesia que era un edificio de piedra y mampostería situado en una posición defendible. El día 30 de junio, algunos soldados realizan una salida para explorar y encuentran una fuerte resistencia retirándose a la Iglesia. Así comienza el sitio de Baler que se puede dividir en tres etapas.
La primera abarca desde el 30 de junio hasta el 31 de julio de 1898. En esta primera fase los filipinos se dedican a hostigar a las tropas españolas desde lejos, con fuego de fusilería, y a solicitarles la rendición. Aquí se producen las primeras bajas y una deserción.
La segunda fase comprende desde el 31 de julio hasta el 14 de enero de 1899. Las fuerzas sitiadoras estaban compuestas por unos 800 filipinos, con 6 cañones.

El mismo día 31 comienza el bombardeo de la Iglesia, sin grandes efectos. El 7 de agosto los filipinos intentan un asalto por sorpresa para incendiar el edificio, colocando una escalera en una zona de poca visibilidad pero son descubiertos por un centinela y rechazados con bastante bajas. Durante este periodo los filipinos habían ido acercando sus trincheras a la posición española hostigándola con fuego de cañón y de fusilería solicitando nuevamente la rendición de la Iglesia en varias ocasiones. Los alimentos escaseaban y las enfermedades causaban varias bajas, entre ellas las del Teniente Alonso, el 18 de octubre y la del Capitán de Las Morenas el 27 de noviembre. Ante la falta de alimentos frescos y por recomendación del Teniente Médico Rogelio Vigil, se decide una salida que efectúan 14 soldados al mando del Cabo José Olivares. Después de deshacer las trincheras Tagalas y provocar su retirada hacia posiciones más alejadas de la Iglesia, queman las casas circundantes a la posición y recogieron cuantas frutas y verduras pudieron. La quema de las viviendas cercanas a la Iglesia permitió abrir la puerta posterior de la misma para facilitar la ventilación del puesto lo que disminuyó los enfermos de beri-beri. En este periodo los filipinos intentan nuevamente la rendición comunicando a los españoles la rendición de Manila y el fin de la guerra hispanoamericana.
Entre el 14 de enero de 1899 y el final del sitio se desarrolla la tercera fase en la que los filipinos solicitan la ayuda de oficiales españoles para convencer a la guarnición del fin de la guerra y de la pérdida de la soberanía española. Varios enviados españoles se entrevistan con el Teniente Martín Cerezo, comunicándoles la retirada española de Filipinas pero, ante la falta de documentos oficiales, la guarnición cree que se trata de impostores. Entretanto, los filipinos intentan tomar varias veces la Iglesia siendo repelidos por las fuerzas españolas. En marzo se recrudecen los bombardeos artilleros, con nula efectividad. La situación en el interior de la Iglesia es casi desesperada. Empiezan a escasear las municiones y las raciones de comida son reducidas al máximo. A petición de las autoridades españolas, un buque estadounidense intenta evacuar a los españoles pero, al hallarse en guerra los filipinos con los Estados Unidos, sus tropas son rechazadas por los tagalos y su buque obligado a retirarse por el fuego de la artillería filipina. En marzo los españoles hicieron otra salida para capturar dos carabaos (búfalos filipinos) que se acercaron a la posición española. Se mejoró algo la situación alimenticia pero las enfermedades continuaban produciendo bajas. Tres soldados intentan desertar pero son arrestados. Uno de ellos lograría huir a los pocos días. El 29 de mayo de 1899, se presenta el Teniente Coronel español Aguilar que solicita al Teniente Martín la rendición indicándole que las Filipinas ya no son españolas y le entrega unos periódicos españoles para confirmar la noticia. El Teniente Martín duda de la veracidad de los mismos y se niega a rendirse. Sin casi alimentos, y siendo imposible mantener la posición por la poca munición que quedaba, la guarnición prepara una salida para romper el cerco e intentar llegar a Manila. El 31 de mayo se distribuyen las últimas municiones y se destruyen los documentos. Por no poder llevar consigo a los dos soldados desertores arrestados, se ordena su fusilamiento de acuerdo con las facultades que el Código Militar concedía a los jefes de plazas sitiadas.
El 1 de junio de 1899 se hace la primera intentona, que es frustrada por la intensa vigilancia filipina. Mientras se preparaba la salida para el día siguiente, el teniente Martín leyó una noticia en uno de los periódicos que le había dejado el Teniente Coronel Aguilar referida a un amigo suyo, lo que le convenció de que la guerra había terminado y que las Filipinas ya no eran españolas. El día 2 de junio de 1899, un año más tarde del inicio del cerco, se rendía a los filipinos la guarnición de Baler. Treinta y dos hombres, de los cincuenta y siete que iniciaron la defensa, son evacuados hacia España en medio de los honores tributados por los Filipinos y los Estadounidenses. El recibimiento en España sería más tibio.
Durante el cerco murieron tres soldados por disentería, once por beri-beri, dos por fusilamiento, cuatro por fuego enemigo y 5 desertores se pasaron al enemigo. Entre los 32 supervivientes, varios estaban heridos o enfermos.


"Pelearemos hasta morir y moriremos matando"
Palabras de Saturnino Martín Cerezo, durante el acto de capitulación de la iglesia de Baler

Fuente: candamo.iespana.es