26 ene. 2013

Hija de un soldado.

Imaginaos a una niña que ha tenido que pasar por ausencias de más de tres, seis y nueve meses de su padre, da igual el destino, sólo sabe que es peligroso y que en su cabeza, inconscientemente, tiene que tener muy presente una conversación que le han ido diciendo poco a poco.

-Sabes que tienes que ser fuerte, ¿verdad?

-Yo ya soy fuerte – replica la niña con cara desafiante.

-No, cielo -le explican-, no ese fuerte para levantar a tu primo, fuerte cuando tu papá se vaya.

-¿Por qué? -Bendita inocencia infantil.

-Pues porque puede que papá no vuelva de allí.

-Vale.

Y la niña se queda callada, sin saber a que se refieren ni entenderlo pero sabiendo que es importante por algún extraño motivo.

Imaginaos a esa misma niña a la hora de comer, con las noticias de fondo y que de repente sale una de un país en conflicto

-Ahí es donde está papá, ¿no, mami?

-Sí -le responde sin apartar la mirada del televisor

La niña mira atentamente la televisión, como si entendiera todo lo que dicen los periodistas y entendiera todo lo que suceden en las imágenes. Sólo es consciente de que es peligroso y que hubo una explosión. Su madre pone cara de preocupación durante medio segundo y luego la recrimina para que se acabe la comida.

Su padre la suele llamar una vez a la semana, pero pasan los días y no llama. La niña se enfada <<¡Papá se ha olvidado de mí!>> piensa, y lo paga con su madre, le grita y patalea.

Pasan otros tres días y al fin suena el teléfono:

-¡Es papá! – grita mientras espera impaciente a que su madre acabe de hablar con él. Luego, se pelea con su hermano porque ella quiere hablar primero y termina poniendo pucheros, pero al fin le toca.

-Hola, cariño, ¿cómo estás? -pregunta su padre como si nada. Y entonces sólo importa lo malos que son los profesores, o los compañeros, o tu hermano por hacer tal o cual cosa y a contarle cosas que sólo a los niños les importan, y su padre escucha, en silencio puesto que no es muy hablador, pero ella sabe que aparte de eso es porque está cansado. Pero también sabe que está contento de hablar con su familia.

No ha salido por ningún lado el tema de la bomba, a ellos no les importan porque su padre está ahí, pero aun así, se sienten mal.

Y vuelven a pasar los días, y las noticias siguen contando cosas que la niña no termina de entender puesto que usan palabras que ella no entienden:

- ¿Qué es un tiroteo, mamá?

- Mami, ¿una mina es mala?

- ¿Para que sirven esas cosas, mamá? -refiriéndose a los tanques

Y así un sin fin de preguntas que su madre, cuyo principio en la vida para sus hijos es que sean conscientes de la realidad, contesta con paciencia.

Y todo esto repitiéndose día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Y aunque la niña sabe que su papá no vendrá en un período de tiempo se sale al balcón todas las tardes mirando a la calle esperando a ver a su padre aparecer con el uniforme con muchos tonos de verde.

Encima, para ella lo peor no es la espera, lo peor es ir oyendo a gente que llama a su padre y a sus compañeros, algunos de ellos adoptados como tíos adoptivos, asesinos, mercenarios y cosas peores. Ella no entiende todas esas palabras y no pregunta esperando respuesta, sabe que están insultando a su padre y los odia por eso.

¿Y todo esto a que viene? Os preguntaréis muchos, otros lo habréis notado ya y a otros os dará igual, pero eso, toda esa historia, que podría haber alargado hasta el infinito y más allá, es mi historia y la de otros muchos niños que sufren como sus padres, madres, tí@s, herman@s y gente que aprecian se van de misión y viven eso día a día.

Yo he llegado a casa después de una pelea en el colegio porque un compañero me ha dicho, textualmente, que mi padre va a matar a la gente. Viendo las cosas objetivamente, los niños hacen lo que ven en casa, ya que con 6 años, a no ser que lo vivas, no eres consciente de lo que hace una guerra, ni del daño que hace ni de lo que se sufre.

Obviamente, hay absolutamente de todo, desde desgraciados que a mí misma me entran ganas de partirles las piernas hasta los que sacrifican su vida, pero… ¿en serio es necesario meter a todos dentro de un mismo saco?

Mucha de esa gente, y lo digo por lo he visto, oído y vivido, van de misión con la única idea de mejorar y ayudar a esa zona en conflicto, pensando sólo en defender a los refugiados y cuidar de que les llegue comida y medicamentos. Y por lo que he visto, lo que más les importa a esta gente suelen ser los niños. Pero para qué ver eso, con lo fácil que es decir que en las noticias han salido varios hijos de p*** maltratando a alguien cuando esos son justamente la minoría. Qué fácil es hablar sin saber y la ley del mínimo esfuerzo.

Y lo voy a dejar aquí bien claro: Estoy orgullosa de mi padre, estoy orgullosa de que me haya hecho como soy, estoy orgullosa de que arriesgue su vida todos los días, aunque ahora trabaje en otra cosa (a mí parecer más peligroso), por proteger a su familia y protegernos a todos, y tanto que estoy orgullosa él, lo estoy de sus compañeros. Y me da igual quedarme sin uñas y sin dientes por proteger su dignidad y las de tantos otros que pasan a diario por todo esto que os he contado, porque para mí son mis héroes.

He decir, y mi padre es testigo, que odio a las armas en sí, si no al uso que se les da y que siempre, siempre, siempre y siempre seré partidaria del diálogo y renegaré de la violencia.


Extraído del blog Nyunu - Guiri Perdida, y encontrado gracias a Cecilio Andrade.